El mundo musical exige mucho más que técnica, talento o disciplina. Supone exponerse, sostener la presión, la autoexigencia y el miedo al error o al juicio.
Este espacio no se centra en “entrenar la mente” o “conseguir objetivos”, sino comprender la propia personalidad, reconocer los recursos, los bloqueos y los miedos, y desde ahí, cultivar una presencia más consciente y libre en el escenario y en la vida.
El trabajo terapéutico busca integrar cuerpo, emoción y pensamiento. No se trata solo de aprender a gestionar los nervios o mejorar la concentración, sino de entender qué hay detrás: experiencias de exposición, sensaciones de ridículo, miedo a no estar a la altura o patrones de perfeccionismo.
Cada intérprete, cada compositor, cada compositora tiene su historia, su forma de sentir y de reaccionar ante la presión. Dos personas pueden vivir la misma situación y activar miedos distintos, porque cada una carga con una biografía emocional única.
Si deseas sentir libertad y seguridad en tu camino como artista, te acompaño.